Santo y Seña
Divertidísima conversación recogida en el libro “¡Guardias! ¿Guardias?” de Terry Pratchett:
- El búho sensato ulula a medianoche -dijo el visitante, tratando de sacudirse la lluvia de la capa.
- Pero muchos señores grises contemplan con tristeza a los hombres sin amo -entonó la voz al otro lado de la rejilla.
- Hurra, hurra por la hija de la hermana de la soltera -replicó la figura empapada.
- Para el verdugo, todos tenemos la misma altura.
- Sí, sin duda la rosa está dentro de la espina.
- La buena madre prepara sopa de verduras para su hijo descarriado -siguió la voz tras la puerta.
Hubo una pausa durante la cual sólo se oyó el sonido de la lluvia.
- ¿Qué? -preguntó al final el recién llegado.
- La buena madre prepara sopa de verduras para su hijo descarriado.
Otra pausa, esta vez más larga.
- ¿Estás seguro de que la torre mal construida no tiembla ante el paso de la mariposa? -insistió la figura empapada.
- Qué va. Es la sopa de verduras. Lo siento.
La lluvia seguía cayendo despiadada sobre el embarazoso silencio.
- ¿Y la ballena enjaulada? -preguntó el empapado visitante, tratando de arrebujarse en el escaso refugio que ofrecía el temible portal.- ¿Qué le pasa?
- Que no sabe nada sobre las grandes profundidades, para que te enteres.
- Ah, la ballena enjaulada. Tú a los que buscas es a los Dilucidados Hermanos de la Noche Ébano. Es tres puertas más abajo.
- ¿Y quiénes sois vosotros?
- Somos los Iluminados y Antiquísimos Hermanos de Ee.
- Creía que os reuníais en la calle Melaza -señaló el hombre empapado.
- Sí, bueno, pero ya sabes cómo van estas cosas. Los del club de repujado usan la sala los martes, y nos hicimos un lío.
- Ah. Bueno, pues gracias.
- No hay de qué.
La puertecita de la mirilla se cerró.
La figura envuelta en la capa se la quedó mirando un momento, y luego chapoteó sobre los charcos, calle abajo. Era verdad, allí había otro portal. El diseñador no se había molestado en variar mucho el estilo.
Llamó con los nudillos. La puertecita de la mirilla se abrió.- ¿Sí?
- Oye, el búho sensato ulula a medianoche, ¿vale?
- Pero muchos señores grises contemplan con tristeza a los hombres sin amo.
- Hurra, hurra por la hija de la hermana de la soltera, ¿te enteras?
- Para el verdugo, todos tenemos la misma altura.
- Sí, sin duda la rosa está dentro de la espina. Aquí están cayendo chuzos de punta, supongo que lo sabes.
- Sí -replicó el otro con el tono de voz de quien, desde luego, lo sabe, pero no se está mojando.
El visitante suspiró.
- La ballena enjaulada no sabe nada sobre las grandes profundidades, y vale ya.
- La torre mal construida tiembla ante el paso de la mariposa.
La figura empapada se aferró a los barrotes de la mirilla y se alzó sobre las puntas de los pies.
- Venga, déjame entrar, estoy calado -siseó.
